24 de marzo de 2022

El derroche alimentario, un problema de salud planetaria

El 30% de la comida que se produce cada año en todo el mundo, o bien se pierde o se derrocha, según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Un dato demoledor que invita a la reflexión en el Día del Clima por los efectos que tiene ese consumo desmedido en la sostenibilidad de las tierras de cultivo y su impacto climático, recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 12 y 13.

 

En los dos últimos años, la crisis económica causada en gran parte por la pandemia de la COVID-19 ha propiciado uno de los mayores aumentos del hambre en el mundo en décadas, afectando a casi todos los países de renta baja y media. Producimos un 60% más de los alimentos que necesitamos, pero cada día 40.000 personas mueren de hambre, por tanto, no se trata de una cuestión de cantidad sino de desigualdad que revela que el sistema actual no es eficiente, ni justo, ni sostenible.

 

Millones de toneladas de alimentos a la basura

Según el Índice de desperdicio de alimentos 2021, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en el mundo se desperdician 931 millones de toneladas de alimentos cada año, de los cuales 569 millones proceden de los hogares. La cantidad restante se atribuye a los restaurantes y otros servicios de alimentación (244 millones de toneladas) y al comercio minorista (118 millones de toneladas). A nivel mundial, per cápita, cada año se desperdician 121 kilogramos de alimentos a nivel del consumidor, y 74 de esos kilogramos se desperdician en los hogares, en España esa cantidad es algo mayor, 77 kilos por habitante por encima de EE. UU. con 59 kilos por habitante al año.

 

Los alimentos que más frecuentemente acaban en la basura en España son las frutas, las hortalizas y el pan fresco

 

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el tipo de alimento que más se desperdició en España en 2020 fue la fruta, con 333 millones tirados a la basura. Le siguen las verduras y las hortalizas, cuyo desperdicio fue de 141,2 millones y el pan fresco, con cerca de 50 millones de kilos. Otros alimentos que los españoles desperdician en grandes cantidades en todas las temporadas analizadas por el Ministerio de Agricultura son la leche líquida, lácteos, sopas, cremas, caldos, embutidos y carnes.

Por edades, los consumidores en la franja de edad entre 50 y 64 años concentran el mayor porcentaje de productos alimentarios desperdiciados, seguido del grupo de 35 a 49 años. Después se sitúan los mayores de 65 años y, por último, la franja de personas que menos desperdician alimentos están los menores de 35 años.

 

Hacia un sistema más sostenible

La cultura del consumismo desmedido y compulsivo es en gran parte responsable de una situación de desperdicio alimentario que no sólo es negativa desde el punto de vista social y económico, sino que además contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, y en consecuencia potencia el calentamiento global, y redunda en el impacto del cambio climático.

El informe El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2021, publicado por la FAO, junto con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que cambiar los sistemas alimentarios es una prioridad. Transformarlos para que proporcionen alimentos nutritivos y asequibles para todos y se vuelvan más eficientes, resilientes, inclusivos y sostenibles para contribuir al progreso del mundo.

 

La FAO calcula que el desperdicio de comida es responsable del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados por la ONU son la hoja de ruta para lograrlo. La UE y los Estados miembros se han comprometido a cumplir entre los ODS fijados, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita a nivel minorista y de consumo en el año 2030, así como reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de la cadena de suministros. Con el fin de cumplir con la mencionada meta y maximizar la contribución de todos los actores, la Comisión Europea creó en 2016 una plataforma que involucra a múltiples partes interesadas, dedicada a la prevención de la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Al año las pérdidas económicas provocadas por el desperdicio de comida ascienden en todo el mundo a un billón de dólares: la producción, manufactura, recolección, envasado, transporte y distribución de alimentos que finalmente no serán consumidos suponen un gasto mundial que, de ser reducido únicamente en un 20 % significaría un ahorro de 100.000 millones. Por otro lado, la FAO calcula que el desperdicio de comida es responsable del 8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, el 30 % de la tierra agrícola se destina a cultivar alimentos que nunca se consumirán y un 21 % de agua dulce se desecha para su producción. 

 

Sencillos gestos cotidianos

Para contribuir en la medida de nuestras posibilidades como consumidores a paliar el problema del derroche de alimentos –y cuidar la salud del planeta– podemos incluir en nuestro día a día unas sencillas pautas:

  • Planificar un menú semanal
  • Hacer la lista de la compra con los productos necesarios
  • Almacenar adecuadamente los alimentos
  • Diferenciar entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente
  • Congelar correctamente los alimentos
  • Calcular adecuadamente las cantidades
  • Colocar los alimentos más viejos delante de los nuevos en la nevera
  • Aprovechar los alimentos sobrantes para elaborar otras comidas

 

 

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