Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía

5 de abril de 2021

Comienza la cuenta atrás para el verano

Con el final de la Semana Santa, vamos dejando atrás las rosquillas y las torrijas y se inicia la operación bikini 2021. Una operación bikini, por cierto, que se antoja muy dicotómica entre el sentimiento general de la población con respecto a la evolución de la pandemia de cara al verano, y unos mercados de activos que, sin duda, siguen descontando un panorama claramente más normalizado.
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Y es que sumergidos en una cuarta ola de COVID y con multitud de restricciones al movimiento a nivel global, es difícil abstraerse y tener una idea positiva de lo que puede ser un buen verano, en términos sociales. Es muy improbable que la vieja normalidad vuelva, a tan corto plazo vista. Pero no es menos cierto que las campañas de vacunación siguen adelante y, aunque se acumulen retrasos de importancia, el camino que se está andando es firme, en aras de conseguir la tan ansiada inmunización global al coronavirus.

Tan claras parecen las cosas en la línea de la recuperación de nuestra vida anterior que la propia OPEP (en acuerdo con Rusia) comienza a dar pasos para incrementar la oferta de petróleo de manera paulatina, un síntoma inequívoco de previsión de mayor actividad económica. Porque más allá del “mantra” de que 2021 va a ser el año de la recuperación, la realidad de datos macro parece inferir que ésta se va a producir sin ninguna duda…y que el estío puede constituir el punto temporal de inflexión.

En esa línea, durante los últimos días, la publicación de la confianza empresarial a ambos lados del Atlántico sigue marcando una clara tendencia positiva, sensiblemente en Alemania y sobre todo, en los EE.UU. Unos EE.UU., por cierto, donde el flamante presidente Biden acaba de presentar un nuevo plan de estímulos en base a infraestructuras por importe de dos billones (españoles) de dólares, con foco no solo en carreteras y transporte sino de manera especial en la banda ancha, las energías limpias, la construcción de viviendas y el impulso a los vehículos eléctricos. Un plan que, grandilocuentemente, debería posicionar a EE.UU. en esta década para competir con ventaja frente a China.

Más allá de conseguir estos objetivos estratégicos, lo que sí parece claro es que los mercados han comprado el argumento de que el mundo va a ir a mejor, y siguen descontando por tanto un buen escenario para la renta variable y una relevante cautela con respecto a la deuda pública, con el bono a diez años estadounidense claramente por encima del 1,70% de rentabilidad y mirando ya de reojo al psicológico 2%. Si ello sucediera, por supuesto, podría tener un impacto negativo sobre las bolsas, en la medida en la que los agentes económicos otorguen más peso a la inflación que al crecimiento del beneficio empresarial. En ese sentido, será trascendental la guía que marquen los bancos centrales, en términos de posibles expectativas de subidas de tipos, no tanto para este año sino para ejercicios ulteriores.

Por todo ello, buen tono en el comienzo de abril para los mercados financieros, que de hecho han tomado los días semifestivos para mejorar incluso su aspecto “bullish”. Siguiendo con el anglicismo, no está de más recordar que en apenas unas semanas llega el famoso “sell in may and go away”, una frase que se presenta especialmente incómoda, dados los elevados niveles en los multiplicadores bursátiles. Porque, no lo olvidemos, un buen año de bolsa puede ser este mismo año, cerrando en los niveles actuales. O, dicho de otra manera, no todo tiene por qué ser una subida exponencial. En ese sentido, el optimismo general que parece imbuir todas las decisiones de inversión debe ser siempre tamizado por la prudencia.

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