Competencias financieras para el ejercicio de una ciudadanía responsable

El hábito de ahorrar es en sí mismo una educación; fomenta todas las virtudes, cultiva el sentido del orden, entrena para la previsión y ensancha la mente. – TT Munger
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Por Ana Torralba. Fundación Mutualidad Abogacía.

Nuestra sociedad ha experimentado en las últimas décadas importantes procesos de cambio y transformación. Libertad, participación, solidaridad, igualdad, responsabilidad, diversidad son conceptos que se han incorporado en nuestro imaginario social, invitándonos a tener amplitud de miras.  Por otro lado, la emergente preocupación de los países y economías desarrolladas, por el nivel de competencia financiera de sus ciudadanos y ciudadanas, ha ido en aumento debido a las sucesivas crisis económicas, a las nuevas políticas de ajustes de los mercados, así como encontrar la fórmula que permita solventar el reto demográfico que tenemos entre manos.

En España hablar de dinero está mal visto. Los españoles, hablamos poco y entendemos menos.  Son pocas las personas (sólo un 8% según un informe de la CNMV), las que afirman ser conscientes que tomar buenas decisiones financieras, impactan positivamente en su calidad de vida, sino que también en el mantenimiento de un sistema productivo, donde la escasez y limitación de los recursos disponibles preocupa.

La educación es un proceso mediante el cual, facilitamos la transferencia de conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. Es un proceso vital, cuya función es hacerse cargo de desarrollar un núcleo ético sólido, que permita hacernos elegir correctamente, asumiendo que las consecuencias de las decisiones que tomamos pueden tener un sinfín de impactos.

Igual que la alfabetización financiera es un arma de empoderamiento para la mujer, puesto que nos permite asumir un rol más activo en lo que a negociación se refiere; para los más pequeños, es una puerta abierta al fomento de la formación de valores (como la responsabilidad, la solidaridad , el cuidado , la honestidad y la solidaridad), al desarrollo del espíritu emprendedor ,así como la asimilación de conocimientos de carácter procedimental ( relacionados con el “saber hacer”) y  conceptuales (correspondientes al “saber”). De esta manera además se evitará, que esta nueva ciudadanía adquiera bienes y servicios de una forma descontrolada, haciéndoles entender desde edades tempranas, que comprar compulsivamente no conduce a obtener una mayor satisfacción personal.

 

Hoy en día, la educación financiera es necesaria y debería abordarse dentro de los currículos escolares de todos los centros educativos españoles. Sin embargo, su inclusión hoy en día no es una realidad en el sistema educativo actual. No os guste o no, los centros no pueden dar la espalda al dinero y todo lo que a él concierne, ya que su buena o mala gestión impacta no sólo en nosotros, sino que también, en la sostenibilidad del medioambiente.

Las decisiones económicas futuras que tendrán que afrontar la población infanto-juvenil es en la actualidad, un reto mayor que en el pasado reciente, puesto que los productos y servicios financieros que tendrán que contratar, abarcarán una diversidad y complejidad, que unida a la mediatez de un simple “clic” y la inestabilidad del mercado laboral, conlleva a una desregulación significativa de los estilos de vida individual.

Con este contexto, para Fundación Mutualidad Abogacia es necesario e imprescindible, poner el foco en el desarrollo de iniciativas que busquen maximizar la capacidad y conocimiento, para que de una manera orgánica la ciudadanía del mañana pueda hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones.

Favorecer la función de desarrollar en cada persona un núcleo ético sólido que permita elegir, asumiendo las consecuencias de las decisiones, es en definitiva una buena inversión. Una apuesta a caballo ganador.

 

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