Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía

5 de octubre de 2021

Desaceleración, inflación, China

En el mundo económico, de vez en cuando (y tal vez el actual sea un momento propicio para ello) conviene echar una ojeada hacia atrás para poner en contexto dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde vamos. Y es que comenzamos el -permítanme el tópico: cómo pasa el tiempo- último trimestre del ejercicio 2021, en unas circunstancias ciertamente diferentes a como iniciábamos este mismo periodo hace un año.
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Sin ninguna duda, octubre de 2020 marcó un máximo a nivel de incertidumbre en casi todos los órdenes, que tuvo un acusado reflejo en el mercado: aún faltaba más de un mes para que aparecieran las primeras vacunas; las elecciones estadounidenses eran un banco de niebla que había que salvar; y la ola de contagios del Covid, tras un verano relativamente apacible, hacía estragos a nivel global.

Por el contrario, a día de hoy, la recuperación económica es un hecho. En realidad, se está produciendo con una forma que, en verdad, resulta más en “V” de lo que inicialmente podíamos pensar. Recuerden las discusiones acerca de si dicha recuperación iba a tomar el aspecto de una “U”, del símbolo de “Nike” o incluso de una “W”. En esencia, ello se debe a la puesta en marcha de las economías, fruto del avance de la normalización sanitaria y, no lo olvidemos, por los fuertes programas de estímulo fiscal y monetario implementados a nivel mundial.

No obstante, con la consolidación de los avances, comienzan a aparecer, como es por otra parte natural, los primeros síntomas que cuestionan la certidumbre en la que nos hemos movido durante buena parte del año. En concreto, a día de hoy, son tres aspectos a destacar.

En primer lugar, la desaceleración. Resulta normal que, tras una recuperación imponente, el ritmo de crecimiento, aún manteniéndose en niveles positivos, decaiga. Esto es ya una evidencia en los mercados emergentes y comienza a hacerse razonablemente palpable en EE.UU. Ojo, no hablamos de decrecimiento, sino moderación en el crecimiento. Pero ello tiene un influjo muy importante sobre aspectos básicos de mercado, especialmente sobre las expectativas de resultados empresariales.

Porque esta ligera ralentización tiene lugar en un momento en el que la inflación, la segunda cuestión clave, se mantiene muy alta. Si bien es cierto que el mercado ha comprado el argumento de los bancos centrales de que los precios serán altos solo coyunturalmente, la realidad es que los síntomas de “cuello de botella” siguen presentes, especialmente en la economía estadounidense. Ello implica que, incluso no subiendo tipos, las curvas de deuda tiendan a mostrar ciertas tensiones al alza: Otro asunto que afecta a la asignación de activos por parte de los inversores.

En tercer lugar, tenemos a China. No hablamos solo de Evergrande, que también, asunto éste que está por ver cómo se resuelve y qué impacto real puede tener sobre las economías y mercados de países desarrollados. Hablamos de riesgo geopolítico, algo que se ha suavizado, pero no desaparecido con el cambio de administración en EE.UU. Y hablamos especialmente del mal comportamiento de la bolsa del gigante asiático en el año, algo que no deja de llamar la atención en un contexto general tan positivo. En ese sentido, tal vez, sea un anticipo de lo que nos puede esperar al resto, de la misma manera que la recuperación de China marcó la dirección de la recuperación global.

En resumen, dudas en el camino. Dudas que, por cierto, aparecen en un momento en el que muchos inversores pueden pensar que el año inversor, en esencia, si no hecho conviene al menos no estropearlo, lo que puede tener repercusión en las decisiones de inversión. Puede que esto sea la base de la famosa corrección esperable y posible, aunque nunca segura.

Dicho todo eso, conviene añadir que el marco general en el que nos movemos, como decíamos al comienzo del artículo, es positivo: la macroeconomía va bien, la pandemia parece contenida, los estímulos fiscales van a acompañarnos durante un cierto tiempo y, tapering incluido, la posibilidad de que los bancos centrales abandonen a la economía (y a la deuda) a su suerte es prácticamente nula. Adicionalmente, la liquidez presente en el sistema es muy alta. Ello induce a pensar que caso de haber una corrección, y en ausencia de grandes cambios en el resto de variables, tal vez se nos esté presentando una oportunidad de compra. En todo caso prudencia, en un trimestre que siempre es decisivo.

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Curvas, pero con confianza

Los mercados financieros parecen adaptarse con razonable calma y no poco sentido común (cabría decir de momento) a las noticias e incertidumbres con las que abrimos la temporada financiera de otoño 2021 y, lo que es más importante, la rampa para el siempre relevante último trimestre del año.

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