20 de enero de 2022

El riesgo geopolítico no cotiza…todavía.

Comenzamos una semana con día sin mercados en EE.UU. por festividad de Martin Luther King y casi diríamos que, en esa misma línea, se prevé que sea una semana razonablemente tranquila.
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Apenas tendremos referencias macro relevantes y el principal foco de atención económico, que sigue estando en las decisiones que puedan tomar los bancos centrales con respecto a la inflación, va a tomarse también un pequeño descanso, debido al blackout de la Reserva Federal antes de su reunión de los días 25 y 26 de enero.

En ese contexto y con los datos de Ómicron que empiezan a mostrar tenues pautas de mejora en distintos países, algo que invita a cierto optimismo en la esperada normalización sanitaria, no debería haber particulares razones (previsibles) para un comportamiento especialmente negativo del mercado. O tal vez sí…

En los últimos meses hemos asistido a un constante deterioro de la situación geopolítica mundial, en un plano que nos recuerda momentos con cierto parecido (cierto parecido está a años luz de similares) a la Guerra Fría o al periodo inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, que al “nuevo orden mundial” instaurado tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. En verdad, estamos empezando a ser conscientes de este cambio, si bien para muchos estrategas se trata de una realidad palpable hace ya algunos lustros: la salida de la OTAN (léase, EE.UU. y aliados) de Afganistán puede estudiarse en ese contexto de nuevas prioridades estratégicas. Que, naturalmente pasan por China y Rusia.

El caso de Rusia se nos presenta de manera brutalmente evidente, con riesgo de posible aunque poco probable conflicto bélico con la OTAN por Ucrania: el gigante euroasiático ha despertado de un letargo de casi tres décadas, implementando una política especialmente agresiva en su zona de influencia. Ya lo vimos en Crimea y lo seguimos contemplando en ciertas zonas del territorio ucraniano, apoyando sin ambages a los rebeldes frente al gobierno legítimo. Ahora lo estamos viviendo en tiempo real, con las nuevas presiones a las que el gobierno Putin está sometiendo al resto de Ucrania que, por cierto, trata de acercarse de manera tímida a occidente, sin soliviantar en exceso a su vecino.

Con un PIB apenas superior al de España, Rusia gasta en defensa más que el Reino Unido, lo que convierte a sus fuerzas armadas en una de las más poderosas del planeta, al menos teóricamente. Es muy probable que, tras esa fachada rocosa, su ejército, numéricamente importante, no esté a la altura de los más avanzados ejércitos occidentales, al menos en su mayor parte. Desde luego, está muy lejos de EE.UU., que invierte en defensa casi doce veces más…Pero el problema geoestratégico es muy elevado: por un lado, se trata de un posible conflicto en su inmediata vecindad. Por otro, no sabemos hasta dónde puede Rusia llegar para demostrar su postura de fuerza. Y la pregunta es: ¿está occidente dispuesto a disuadir a Rusia, recurriendo si es necesario a la eventualidad de una respuesta militar?

El segundo punto de atención es China. Durante años, casi la legislatura Trump completa, hemos leído acerca de la guerra comercial entre EE.UU. y el gigante asiático. Qué duda cabe que China ha crecido mucho, económica, política…y militarmente. En este último frente, el militar, se encuentra también muy lejos de EE.UU. Pero la realidad es que se está convirtiendo en una potencia global. Ya es la primera potencia regional de una zona, por otra parte, cada vez más importante geoestratégicamente. Y, en esa línea, está incrementando de manera notable la presencia en sus mares adyacentes, con una presión cada vez más asfixiante sobre Taiwán. Otra vez surge la pregunta, al igual que en el caso Rusia-Ucrania: ¿hasta dónde puede llegar China para tratar de incorporar Taiwán a su territorio soberano? Desde luego, la relevancia de lo que está ocurriendo en la zona puede medirse no solo en el notable incremento de las fuerzas armadas chinas, sino incluso en el impresionante rearme de otras naciones de la zona, como Corea del Sur, Japón o la misma Australia. La alianza Aukus va por ese camino.

Llegados a este punto, conviene decir que, el mundo en general y el mundo económico en particular, tal vez atento al Ómicron, pendiente del día a día financiero, de la inflación, o de la actualidad con Djokovic, apenas está prestando atención a estos temas. Desde luego, no cotizan. En ese sentido, cabe inferir que los mercados esperan que no se llegue a mayores. Cosa que es lo más probable. Tal vez la tensión ucraniana lleve a nuevas sanciones a Rusia, incluso en el caso de agresión (más o menos limitada) por parte de este país a Ucrania, pero sin llegar a una respuesta militar occidental. En el caso chino, también las restricciones comerciales son una posibilidad. Dicho eso, en estos momentos, un portaaviones estadounidense y otro británico navegan hacia el mar de Noruega, pera realizar ejercicios en la zona. Y la Armada de EE.UU. mantiene otro portaaviones como presencia permanente en el Mar de China. Y aunque el mundo ha cambiado mucho y para bien, en cuanto a relaciones internacionales se refiere desde octubre de 1962 o junio de 1914, conviene no olvidar estos temas, si quiera para ser conscientes de la fragilidad del entramado económico en el que vivimos.

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Mercados

Nos aproximamos a la tercera semana de guerra en Ucrania y siguen difusas las posibles salidas que pueda tener esta emergencia. Sin ningún género de dudas, la evolución de la economía y, por supuesto, de los mercados financieros, va a depender de cómo se desarrollen los acontecimientos sobre el terreno: El campo de batalla domina la escena. A partir de ahí, podemos extraer unas inferencias, en virtud de estos posibles escenarios de salida.

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