Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía

28 de septiembre de 2020

La prudencia sigue dominando el ánimo inversor

Aún a riesgo de ser repetitivos, y todo hace pensar que lo seguiremos siendo durante algún tiempo más, la evolución de la pandemia sigue lastrando a los mercados financieros, que se debaten entre los datos de los rebrotes, a nivel mundial, y la dependencia de las medidas de estímulo, ya sean monetarias o fiscales.
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La semana pasada constituye, en verdad, un paradigma de esta situación: malos datos de contagio y decepción con los bancos centrales, que no anunciaron nuevas medidas expansivas. Ello se tradujo en un comportamiento de mercados abiertamente negativo, durante casi toda la semana. No obstante, el rumor de un posible acuerdo de estímulo fiscal en el Congreso de EE.UU., entre republicanos y demócratas, tuvo un efecto inmediato y positivo en la bolsa americana, que recuperó con fuerza en la última sesión. Y es que a falta de visibilidad macro, con los tipos de interés hundidos y con toda la incertidumbre sanitaria en plena efervescencia, nada hay tan seguro para un inversor como ver que, al menos, no falta dinero para regar a la economía y, de rebote, a los mercados.

En ese contexto, cada vez toma más importancia la próxima convocatoria electoral en EE.UU., que se prevé particularmente reñida. Son muchas las cuestiones que dependen de ello, de manera singular la forma de enfocar las relaciones entre Norteamérica y una China que no deja de tener más peso en el contexto internacional. Por tanto, no es de extrañar que a medida que la cita con las urnas se acerque, veamos episodios importantes de volatilidad en los mercados.

Dicho esto, si tuviéramos que establecer las posibilidades de la evolución futura de finanzas y mercados en una curva de Gauss, veríamos que donde se concentra el grueso de posibilidades es en un mundo significativamente mejor y menos nebuloso que el que vivimos hoy en día: No cabe duda que la pandemia, como decíamos, es y será un eje conductor económico durante un tiempo. Pero es de esperar que ello tenga un fin, que vendrá dado por la extensión de las vacunas y un avance en el proceso de inmunización de la población. Aún más fácil, con fecha cierta, es entrever que la incertidumbre asociada a las elecciones en EE.UU. tiene fecha de caducidad. Y todo ello en un contexto de recuperación macroeconómica global, discutible en intensidad pero no en sentido.

Por todo ello, y aun a riesgo de parecer excesivamente optimistas en momentos tan complicados, existen luces que nos hacen pensar que e futuro inmediato no debería ser tan negativo como el presente o el pasado inmediato. Hemos vivido, mejor dicho, estamos viviendo un shock tremendamente negativo, como no ha habido otro desde 2008, aunque con causas muy distintas. Aún en ese contexto, el apoyo institucional y el flujo de dinero ha continuado. Lo relevante ahora es tomar las medidas oportunas para que la recuperación sea rápida e intensa, algo que tiene mucho que ver con la capacidad de gestión política. De manera singular, una economía que ha sufrido tanto como la española, con un sector servicios tan relevante y castigado en la crisis, merece una atención especial. No podemos permitir que, cuando la recuperación llegue, el motor de nuestra economía se gripe, por falta de asistencia a las empresas y de tomar las medidas oportunas. Toda ayuda es poca y, en ese sentido, es conveniente mirar lo que hacen otros países de nuestro entorno, en apoyo de su ecosistema empresarial, singularmente Alemania. De lo contrario, el shock que estamos viviendo se convertirá en una nueva crisis estructural, cuya salida será mucho más ardua y dolorosa, económica y socialmente. Esperemos que ése no llegue a ser el caso.

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