Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía

11 de enero de 2021

Los mercados, de momento, por encima del bien y del mal

Cierta sensación en los agentes financieros de que el número de problemas que se pueden asumir, al mismo tiempo, es limitado. También se podría decir que llueve sobre mojado.
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Aunque lo más correcto, probablemente, sea inferir que el futuro que descuentan los mercados es significativamente mejor que el presente. De lo contrario, no se entendería que en una semana donde hemos tenido un repunte muy notable de los casos de coronavirus a nivel mundial, con aparición de nuevas cepas para mayor abundamiento y, sobre todo, el asalto al Capitolio de una turba fuera de control, algo casi inédito en la historia de los EE.UU., los inversores hayan marcado una tendencia de menor aversión por el riesgo, de la mano de una subida razonable de las bolsas y una caída de las cotizaciones de la deuda, significativamente relevante en Norteamérica.

Como decimos, en buena medida, la sensación en el ámbito financiero es que, la actual, no deja de ser una fase pasajera en el arduo camino de la normalización. Esto queda muy claro en el caso de los Estados Unidos, donde en menos de dos semanas tendremos el cambio de la administración Trump por la nueva administración Biden. Un cambio que, a la luz de los últimos acontecimientos, comienza a ser poco menos que urgente, para devolver la estabilidad a la que no deja de ser y seguirá siendo durante mucho tiempo, primera potencia mundial y principal locomotora económica del mundo. Si bien es muy improbable que se aceleren los tiempos de salida del ya casi expresidente Trump después de los sucesos de Washington (de la mano de un posible impeachment), sí parece muy posible que comience un proceso judicial contra el actual inquilino de la Casa Blanca que, en todo caso, le impediría volver a ejercer ningún cargo público en el futuro. Algo que, visto lo visto, puede tener mucha importancia.

En cuanto a la pandemia, de manera análoga, la vista está puesta en las vacunas y causa más aflicción la lentitud del proceso que la aparición de nuevas cepas o la evolución de los casos de contagio, algo que, tras la Navidad, ya descontaba el mercado. En ese sentido, la normalidad social y económica están presentes en el difuso horizonte. Por lo que respecta a renta variable, ello debería tener un efecto positivo sobre los beneficios empresariales, aunque más que una subida bursátil, que también, lo esperable sería una rotación de activos, de defensivos a cíclicos. Algo que vendría muy bien, en términos relativos, a nuestro Ibex 35. En todo caso, los multiplicadores se mantienen muy altos, sustentados por la expectativas de futuro y, sobre todo, por los reducidísimos (o negativos) tipos de interés. Y si bien es extraordinariamente improbable un endurecimiento de la política monetaria de los bancos centrales a corto plazo, dada la situación macroeconómica global, no es descartable un cierto repunte de tipos de deuda, a medida que avance la normalización o aparezcan débiles signos de inflación, tal y como estamos viendo en EE.UU. Ello podría presionar el PER a la baja… lo que “debería”  (los condicionales son la perdición de los economistas) ser paliado por los mayores beneficios empresariales, para evitar una fuerte corrección bursátil.

Todos estos temas serán muy relevantes en este año, recién comenzado. A corto plazo no está de más señalar el importante recalentamiento de las bolsas en términos de sobrecompra, que sugiere algún tipo de parada, o incluso de corrección técnica. Por supuesto, muchísima atención en los próximos días a la macro y a la geopolítica, especialmente en Norteamérica. Y, en una España recubierta en buena parte del territorio de nieve, vuelta al cole con temperaturas gélidas que, esperemos, no se trasladen del todo al ámbito económico. Prudencia y buen comienzo.

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