Pendientes de Ucrania

Podríamos empezar este comentario financiero hablando del cambio de ciclo que, sin duda, la inflación desmedida está imprimiendo en las principales economías mundiales. Caben ya muy pocas dudas de que EEUU subirá tipos en este mismo mes y que Europa, de continuar el actual proceso inflacionista, es muy probable que suba tipos este mismo año.

La conjunción de unos precios de energía disparados y una falta de adecuación de la oferta con la demanda (los famosos “cuellos de botella”) están cambiando las reglas del juego monetario. O, mejor dicho, lo estaban cambiando. Porque, de pronto, aparece Ucrania.

Y es que, cualquier asunto financiero o de mercados que podamos tratar, palidece ante la situación que estamos viviendo en relación al conflicto en Ucrania. La locura y barbarie de la guerra, generada como consecuencia de la inaceptable agresión rusa, está siendo el hilo conductor de la vida política, social y económica del mundo entero. El futuro geopolítico del mundo se está fraguando en tiempo real sobre territorio ucraniano. Y ello reviste la máxima importancia tanto a corto como a largo plazo, desde el punto de vista inversor.

De momento, la información disponible nos dice que Putin no está perdiendo la guerra, pero tampoco la está ganando, lo que para un agresor significa, a fin de cuentas, perder. Además, en el frente internacional, el rechazo a la invasión rusa ha tenido como consecuencia la galvanización de esfuerzos, tanto a nivel político (en el seno de la UE, la OTAN y otros países) como económico. En este último caso, el económico, las sanciones que se están imponiendo al gobierno ruso suponen, de facto, el aislamiento financiero de Rusia en muy alta medida. Ello tiene, como contrapartida, efectos muy negativos sobre el precio de la energía, ante el temor de desabastecimiento de materias primas, singularmente de gas.

Por lo tanto, en los mercados vivimos una tormenta de signos contrapuestos, singularmente en la renta fija: por un lado, la elevada inflación actual y las peores perspectivas de evolución de los precios, debido al aumento de los costes de la energía, debería “tirar” de las rentabilidades de la deuda hacia arriba. Pero el temor al devenir del conflicto está incrementando la aversión al riesgo, lo que se traduce en un fuerte movimiento de compra de bonos públicos. El resultado neto de esas fuerzas queda por determinar y tendrá mucho que ver con la evolución (y eventual resolución) de la guerra. En la medida en la que esta solución sea pronta, podríamos contemplar un fuerte incremento de nuevo de las rentabilidades de la deuda. Por el contrario, un enquistamiento de la inestabilidad tal vez lleve a mantener las compras de bonos como activo refugio e, incluso, a replantear a los bancos centrales la política a seguir en el año.

En cuanto a las bolsas, la volatilidad ha subido de manera notable, lo que está contribuyendo a sesiones muy disimilares de un día para otro, en función de las noticias que llegan del frente. El resultado neto es negativo, pero, de momento, no se observa un desplome descontrolado. Tanto el SP500 como los índices europeos mantienen soportes relevantes. En este caso, una rápida mejora de las perspectivas de paz debería tener un efecto positivo sobre la renta variable. Mientras tanto, los movimientos carecen de dirección clara.

Por todo ello, y con el permiso de la inflación que sigue siendo la variable económica relevante para el año (y probablemente para más tiempo aún) toda la atención está puesta en Ucrania y en el desarrollo de la lucha que mantiene este país por su independencia y soberanía. En ese sentido, a corto plazo resulta literalmente imposible realizar una predicción de la senda más probable que tomen los mercados. A medio plazo, es esperable que (salvo intensificación de la guerra o contagio a nuevos actores), las rentabilidades de las curvas sigan una senda alcista, acorde con las esperables subidas de tipos debidas a inflación. A largo plazo, el cambio del paradigma geopolítico podría conducirnos a un mundo con menor grado de apertura que el actual, lo cual implicaría cambios de gran alcance en muchos órdenes, entre ellos el energético. En esta línea, tendrá mucha importancia no solo las nuevas relaciones con Rusia sino, especialmente, las posibles implicaciones que la actual coyuntura política pueda tener en las relaciones de occidente con China.

En todo caso, por encima de todo, esperamos la pronta mejora de la situación bélica en Ucrania y el restablecimiento de la paz, que de manera tan abrupta ha roto Rusia. Sin duda, este es el punto clave ahora para toda la humanidad, constituyendo los mercados financieros tan solo un reflejo de esta lamentable realidad.

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