Subdirector General Mutualidad Abogacía

1 de septiembre de 2014

Planificación del ahorro a la jubilación

Las necesidades de ahorro a la jubilación pueden variar a lo largo del ciclo vital conforme a una serie de parámetros socioeconómicos y experiencias vitales que debemos valorar de forma dinámica.
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Recientes estudios confirman que en España aún hay poca cultura del ahorro, y especialmente de ahorro financiero destinado a cubrir las necesidades personales y familiares en la etapa de pensionista. En este sentido, y con el propósito de orientar sobre el nivel de ahorro del que necesitaremos disponer en el momento de la jubilación para disfrutar de una mayor autonomía económica y un nivel de vida digno, a continuación presentamos una serie de recomendaciones en base a las diferentes variables socioeconómicas y experiencias vitales comunes a la mayoría de los individuos y hogares.

Parámetros

1. Horizonte temporal. La primera variable a tener en cuenta será el horizonte temporal o número de años que nos restan hasta la fecha estimada de jubilación. Cuanto antes se comience a ahorrar, mayor será el rendimiento y por tanto menor el esfuerzo para mantener el nivel de vida deseado en la etapa de pensionista.

Dado el continuo retraso de la edad legal de jubilación, esta variable dependerá de la edad y de los años cotizados durante la vida laboral. Por el contrario, si el propósito fuera adelantar la jubilación, debemos ser conscientes de que necesitaremos de más ahorros al vivir más años como pensionistas.

2. Esperanza de vida sana. El aumento de la esperanza de vida hace que cada vez sea mayor la cantidad de ahorro necesaria que se deberá alcanzar en la jubilación para mantener de forma vitalicia nuestra calidad de vida.

Importante también será tener en cuenta la esperanza de vida libre de discapacidades y enfermedades graves. Así, de los 23 años adicionales estimados que vivirá una persona de 65 años, durante más de la mitad de ellos podrá sufrir graves problemas de salud, que conllevarían mayores gastos en medicamentos o cuidados de terceros.

3. Ingresos y gastos. Dado que la principal fuente de ingresos suele venir de las rentas derivadas del trabajo, deberemos tener en cuenta la evolución futura de los salarios que, en general, irán creciendo a medida que se acerca la jubilación, siendo este crecimiento más acentuado para aquellos trabajadores con un nivel elevado de estudios.

Por otro lado, los gastos tanto presentes como futuros dependerán directamente de la situación personal y familiar del individuo en cada etapa de la vida. La evolución lógica será que una serie de gastos vayan desapareciendo paulatinamente (hijos, hipoteca, etc.), y otros nuevos vayan surgiendo, hasta que ya, en la etapa de jubilado, se produzca un cambio radical en la composición de los mismos, desapareciendo aquellos vinculados al trabajo y las cargas familiares, pero apareciendo otros nuevos relacionados con actividades de ocio y aquellos derivados de la posibilidad de sufrir una enfermedad grave o discapacidad.

El aumento de la esperanza de vida hace que cada vez sea mayor la cantidad de ahorro necesaria que se deberá alcanzar en la fecha de jubilación

4. Pensión pública. Conocer cuál será nuestra pensión pública futura también nos resultará de gran utilidad para valorar cómo y cuánto complementarla. Sin embargo, deberemos tener en cuenta que esta estimación se verá en el futuro corregida en función de la evolución de diferentes variables como la esperanza de vida, la natalidad, la tasa de reposición poblacional, el PIB o la inflación.

5. Alternativas privadas. En muy pocos casos el Estado puede dar una prestación por jubilación equiparable al último salario. Para amortiguar esta pérdida de poder adquisitivo deberemos buscar productos alternativos de ahorro.

La principal magnitud a tener en cuenta será la rentabilidad estimada de estos productos, que deberá protegernos de la inflación registrada año a año. Esta rentabilidad, que dependerá de la tipología de los productos en los que se invierta (seguros, planes de pensiones, renta variable, etc.), deberá obtenerse neta de gastos de gestión y de la inflación, e incorporando los beneficios fiscales que algunos de ellos generan, mostrando así si hemos obtenido un aumento de riqueza y en qué cuantía.

6. Apetito al riesgo. El apetito de riesgo de cada individuo irá cambiando a lo largo del ciclo vital. Por tanto, la adquisición de productos financieros irá adaptándose a este perfil de riesgo individual, que generalmente es más atrevido en la juventud y más conservador conforme avanza la edad, aumentando así paulatinamente la proporción invertida en productos de menor riesgo y rentabilidad garantizada (PPA, PIAS, etc.) con el propósito de evitar que en situaciones de crisis se produzcan pérdidas en el ahorro acumulado y sin margen de recuperación antes de la jubilación.

Conclusiones

Es cierto que, en una coyuntura económica como la actual, no es fácil ahorrar. Se ahorra poco y a corto plazo. Sin embargo, si se consigue hacer el esfuerzo, el impacto a largo plazo será notorio.

Para ello, y dado que las responsabilidades y prioridades familiares y personales van cambiando a lo largo del ciclo vital, resulta esencial hacer un análisis dinámico de estos parámetros socioeconómicos, adaptando así el plan financiero a la realidad de cada momento. Y es que no debemos dejar nuestro futuro solo en manos del Estado; es importante concienciarnos de que cada ciudadano será el último responsable de conservar y mantener su propia calidad de vida futura.

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