3 de febrero de 2022

¿Has pensado alguna vez por qué te hiciste abogado?

Cada 3 de febrero se celebra el Día Internacional del Abogado, una fecha para reconocer la labor de los hombres y mujeres que trabajamos en pro de la justicia. Pero ¿qué es lo que realmente nos mueve a elegir esta profesión? Carolina López de Pablo y Jesús Gavilán Hormigo, embajadores de marca de Mutualidad de la Abogacía #MutualidadLover, comparten con nosotros sus motivaciones y fuentes de inspiración… ¿Cuáles son las tuyas?.

EL 3 DE FEBRERO SE CELEBRA EL DÍA INTERNACIONAL DEL ABOGADO

La abogacía, una profesión vocacional e imprescindible. Un oficio, como todos, con sus luces y sus sombras. Como decía con humor el colega americano Kenneth G. Eade “a algunas personas no les gustan los abogados, hasta que nos necesitan”. Y es que los abogados, desempeñamos una labor crucial en la sociedad acercando la justicia al ciudadano. Somos un colectivo profesional incombustible y dinámico, con incontables campos de actuación, y una de las garantías del Estado de Derecho.

El Día internacional del Abogado es un reconocimiento a la labor que realizamos y una oportunidad única para inspirar a las futuras generaciones de letrados en esta profesión, sin la que sería imposible la cohesión social y el ejercicio de los derechos fundamentales. Y el primer mandamiento de la abogacía es amar la profesión. Que el trabajo nos resulte apasionante. Así lo viven Carolina López de Pablo y Jesús Gavilán Hormigo. Ellos nos explican por qué se hicieron abogados.

 

Carolina López de Pablo: vocación, tradición familiar y defensa de las causas sociales

“Los ciudadanos, en general, se encuentran muy perdidos en el mundo jurídico. Mi aspiración como abogada es acercar la justicia al ciudadano”, explica. De esta manera surgió la vocación de la magistrada Carolina López de Pablo, madrileña de 31 años. Su padre, Pedro López Anadón, también abogado, fundó en 1951 el despacho Anadón Abogados.

 

“Siempre me han gustado las causas sociales, incluso las causas perdidas, creo que todo el mundo necesita una buena defensa y yo veía que en ese campo podía aportar”, explica Carolina López de Pablo.

 

 

Carolina creció rodeada de juristas. Aunque ella explica que en principio su vocación no era el Derecho sino las Bellas Artes. “Mi padre me convenció para que probara a estudiar Derecho y si no me gustaba, entonces me dedicara a lo que quisiera”. Y siguió su consejo: “Realicé la carrera en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente un Erasmus en Normandía y ya me entró el gusanillo, me empezó a gustar”. Al acabar, cursó un máster sobre Derechos Humanos en la Universidad Carlos III que la convenció definitivamente. “Siempre me han gustado las causas sociales, incluso las causas perdidas, creo que todo el mundo necesita una buena defensa y yo veía que en ese campo podía aportar. Para mí, la Justicia no debe ser solo una cuestión económica, sino que requiere empatía”.

Carolina ha conseguido desarrollar esa empatía trabajando en el turno de oficio penal, en casos de familia y de violencia de género. A su madre Silvia de Pablo, psicóloga y mediadora, le debe también esa vocación de servicio que tan útil le ha resultado en el ejercicio de esta profesión. “Tengo la sensación de que los ciudadanos, en general están muy perdidos en el mundo jurídico y creo que yo puedo ayudarles, me gusta asesorar a las personas. Mi aspiración es acercar la justicia al ciudadano”, concluye.

 

Jesús Gavilán Hormigo: tradición familiar y vocación por la mediación de conflictos

La mediación ha sido la inspiración de Jesús Gavilán Hormigo, madrileño de 34 años, que desempeña su labor profesional en Ius Aequitas Abogados. Estudió Derecho en la Universidad Carlos III y en principio su propósito era ser juez. Su vocación de abogado surgió inesperadamente estudiando la oposición para la judicatura, “lo medité y llegué a la conclusión de que no era la función que quería desarrollar dentro del Derecho. No me seducía ser el que resuelve un problema a 500 kilómetros del lugar sin haber tenido casi contacto con las partes, sino alguien más cercano. Un abogado que acompaña a la persona y la asesora desde el minuto uno y soluciona su problema. Así que tomé la decisión de dejar la oposición y dedicarme a esto”.

 

“En esta profesión cuesta que te reconozcan al principio, hay que sudar la camiseta. Pero cuando ejerces, te sientes útil y ayudas a la gente a resolver conflictos, compensa”, afirma Jesús Gavilán.

 

 

Jesús también pertenece a una familia de abogados, la vocación por la justicia le viene desde pequeño “donde ya mediaba en el colegio poniéndome del lado de los compañeros más débiles para intentar ayudarles”. Tras estudiar Derecho se formó también como mediador. “Una labor bastante compleja porque realmente aquí la formación, -aparte de la vocación por querer ayudar-, es clave. A día de hoy ha desarrollado numerosas mediaciones, el 80 % en el ámbito de la familia. “No es fácil mediar en asuntos familiares donde las emociones son difíciles de gestionar y te encuentras con situaciones muy complicadas. Mi labor consiste en facilitar la comunicación y generar alternativas para buscar la solución al conflicto”. Lo que más le llena “es el hecho de sentirme útil y ver que con mi intervención el cliente ha encontrado una solución satisfactoria”, afirma.

Para Jesús, la gran dificultad con la que se encuentran los futuros abogados al acabar la carrera de Derecho es poder dedicarse a aquello para lo que se han formado y a su vocación. “Las dificultades son las mismas que las de cualquier trabajador sobre todo cuando empiezas: prácticas que no se pagan, contratos precarios, desempleo… cuesta que te reconozcan y tienes que sudar la camiseta”. A los letrados recién colegiados, les recomienda que a pesar de las dificultades iniciales, si tienen una verdadera vocación persistan y no desistan nunca “que ejerzan por cuenta propia, pues es lo que les convertirá en auténticos y plenos letrados, así como que trabajen otra temporada por cuenta ajena dentro de una firma, lo cual les enriquecerá también personal y profesionalmente gracias al trabajo en equipo y al valioso background que le trasladarán sus compañeros con más experiencia; y, ante todo, que disfruten del camino, sin esperar títulos, medallas ni meteóricos ascensos, porque lo más valioso será la satisfacción de sentirse útiles ayudando a los demás a resolver sus controversias, lo que mantendrá firme su vocación».

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