3 de octubre de 2017

Transformación del sector asegurador en la era digital

El nuevo ecosistema del riesgo motivado por la transformación digital y las nuevas tecnologías es quizá la mayor preocupación y el principal reto al que se enfrentará el sector asegurador en los próximos años.
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A las ya habituales preocupaciones del sector asegurador tales como el sostenido escenario de bajos tipos de interés o las nuevas exigencias regulatorias, se ha unido ahora otra amenaza, no coyuntural y de incluso mayor calado, vinculada a cómo la digitalización y los avances tecnológicos ponen en entredicho los modelos del negocio asegurador como hasta ahora se concebían en el sector. La reciente aparición de las compañías Insurtech, el Big Data, el coche autónomo, el Internet de las cosas, la impresión 3D, la robótica y la inteligencia artificial, entre otros, están dibujando un entorno en la industria completamente nuevo.

Avances disruptivos y riesgos emergentes

La transformación digital es una auténtica revolución social e industrial que empieza a modificar el ADN de la industria aseguradora, pues es ya una realidad que muchas entidades aseguradoras empiezan a utilizar aplicaciones inteligentes capaces de transmitir datos del cliente en tiempo real sobre aspectos tan diversos como sus hábitos en la conducción, su actividad física, geolocalización, etc., que pueden resultar determinantes sobre el precio de las pólizas de seguro, la tramitación de siniestros o la solicitud automática de la póliza. De entre los diferentes avances disruptivos que componen el nuevo ecosistema del panorama asegurador, y tal como ya sucedió con las Fintech en la banca, destaca una nueva especie: Insurtech. Este término aglutina a todas aquellas entidades que utilizan la tecnología y el manejo de grandes volúmenes de datos de manera innovadora y disruptiva dentro el sector asegurador como principal medio para proporcionar soluciones tanto a la industria como al asegurado, y que se fundamentan en un nuevo marco de comunicación e interacción con el cliente. Como principales exponentes de estos avances disruptivos destacamos las siguientes tendencias:

1. Big Data (BD), Analítica Avanzada (AA) y Aprendizaje Automático (Machine Learning).

El Big Data o el uso de modelos predictivos no son nuevos conceptos en la industria del seguro, pues los actuarios siempre han analizado grandes conjuntos de datos para identificar correlaciones y tratar de predecir eventos futuros.

Sin embargo, la analítica avanzada sí empieza a ser muy diversa, pues ayuda a descubrir nuevas incógnitas dentro de los modelos de riesgo, disminuir el riesgo de suscripción o crear y ofrecer nuevos productos y servicios de seguros. Además, el nuevo concepto learning by doing (aprender haciendo) pone en valor la experiencia digital del cliente sobre el análisis de datos contextuales, conductuales y emocionales.

Por poner un ejemplo sobre uno de sus múltiples usos, las entidades aseguradoras que comercializan seguros de vida riesgo comienzan a usar diferentes aplicaciones con las que obtienen gran cantidad de datos sobre la salud y hábitos de sus asegurados conectados, como los pasos caminados, las calorías quemadas, las mediciones de peso, el IMC, la presión arterial, la oximetría de pulso, la asistencia activa al gimnasio, etc., útiles para la evaluación del riesgo y la personalización de las primas de seguro, entre otros.

Además, los dispositivos portátiles que capturan gran parte de la información permiten a los asegurados compartir y transferir información a los médicos desde cualquier lugar y en cualquier momento, de tal forma que en caso de sufrir alguna patología o accidente, los tratamientos y diagnósticos también serían más específicos y personalizados.

2. Internet de las cosas (IoT) y el Seguro basado en el uso (UBI).

El Internet de las cosas busca nuevas fuentes de datos mediante sensores y dispositivos conectados a Internet con los que complementar los datos tradicionales y de utilidad para la actividad aseguradora en productos tan diversos como los de salud, vida, automóviles, viajes o seguros agrarios, entre otros.

Como muestra de su envergadura y sus perspectivas de recorrido, si bien en 2015 había unos 10.000 millones de dispositivos conectados, en el año 2020 se estima que sean 50.000 millones y en 2035 la cifra podría alcanzar el billón de aparatos.

La evolución de técnicas basadas en IoT como los Pay-On-Demand, Pay-As-They-Use, Pay-As-You-Live o Pay-As-You-Drive son ya habituales.

Así, por ejemplo, para los seguros de autos, mediante sensores instalados en el vehículo se generan datos útiles como la velocidad, la aceleración, las vías por las que se circula o la distancia recorrida, y con los que se consigue valorar el riesgo y personalizar la prima del seguro.

Además, la adopción de la telemática en el Seguro basado en el uso supone la mejora el proceso de suscripción, acelera el de reclamación de seguros y reduce el fraude.

En esta línea, uno de los grandes retos a los que se enfrenta la industria del seguro es su adaptación al vehí- culo autónomo, pues la presumible erradicación del error humano en la conducción reducirá drásticamente el número de accidentes y, por tanto, la siniestralidad y la prima de seguro. Sin embargo, pese a que algunos expertos vaticinan siniestralidad cero, y por tanto la escasa o nula necesidad de los seguros, las incertidumbres que se vislumbran en este campo son muy amplias, pues emergerán otros riesgos y cuestiones éticas aún no conocidas en toda su dimensión, vinculados a la responsabilidad del fabricante del coche, a fallos en el software utilizado o la posibilidad de que este pueda ser hackeado, etc.

3. Blockchain y Smart Contract

Una Blockchain es una cadena disruptiva consistente en una base de datos distribuida y protegida criptográficamente que se prevé revolucionará las transacciones como Internet ya hizo con la información, pues basándose en algoritmos matemáticos y una combinación de economía y teoría del juego, conecta simultáneamente ordenadores e información de todo el mundo mediante bloques que se agregan a una cadena de eventos. Esta tecnología soporta, entre otras, la moneda digital Bitcoin o criptomonedas aplicables a cualquier transacción, la trazabilidad y seguridad de los productos en toda la cadena de distribución. Por ejemplo, este es el caso de Everledger, una compañía que permite identificar y rastrear diamantes fraudulentos y, muy especialmente, aquellos procedentes de zonas en conflicto bélico (diamantes de sangre), pues con Blockchain es capaz de segurizar, monitorizar y dotar de transparencia a los procesos de identificación de los diamantes y, mediante técnicas de inteligencia artificial, predecir posibles patrones o agujeros de seguridad que se puedan estar produciendo en el mercado y que permitan la difusión de las joyas ilegales.

Como aplicaciones ya implantadas en el sector asegurador, con Blockchain se consigue acelerar la tramitación de siniestros, simplificar los formularios, minimizar la interacción directa entre reclamantes y aseguradoras, permitir pagos de seguros de aerolíneas automáticamente en cancelaciones o demoras, entre otras funcionalidades.

4. Economía colaborativa

Bajo este nuevo motor de la economía se aglutinan términos tales como “compartir, alquilar, cambiar o comerciar”, normalmente bajo plataformas llamadas P2P (Peer-toPeer), y cuyo impacto en términos económicos y de empleabilidad es muy relevante, pues el volumen de esta actividad se estima que alcance los 300.000 millones de euros en 2025 y en ciudades como París el 10 % del empleo ya pertenece a la economía colaborativa.

Quizá el caso más conocido sea el del automóvil, donde se estima que el auge de la economía colaborativa pueda llegar a reducir la demanda de vehículos hasta un 40 % en la próxima década. Y es que modalidades como el Free Floating, el alquiler de autos privados o plataformas como Cabify, Uber o BlaBlaCar, son ya una realidad en nuestras grandes ciudades, que no solo reduce la demanda de nuevos vehículos (el 35 % de los conductores de grandes ciudades occidentales optan por servicios de coches compartidos), sino que además ha supuesto que muchos de nuestros jóvenes renuncien a sacarse el carnet de conducir (en 2015 ya había un 30 % menos de jóvenes menores de 20 años con carnet que en 2008).

La misma realidad social y económica, aunque más incipiente, se empieza a producir en el sector inmobiliario de tipo residencial, con la cada vez mayor oferta y demanda del servicio de alquiler de viviendas compartido (Airbnb). Mientras productos aseguradores tales como el de autos o el de hogar tratan de adaptarse a esta nueva realidad, el sector ha impulsado una nueva oferta de productos denominados seguros colaborativos, donde bajo una misma póliza se cubre a un colectivo donde los miembros de la comunidad aportan las primas; en caso de siniestro, si el importe es asumible, el colectivo responde de manera solidaria, y en caso de siniestros de alto importe respondería el contrato de seguro privado. Si la siniestralidad es moderada, se estima que la prima puede reducirse un 50 %.

Conclusión

Bajo este contexto de transformación tecnológica, la industria del seguro debe redefinir sus estrategias y el propio concepto asegurador para así convertir las amenazas derivadas de la nueva era digital en una oportunidad con la que salir fortalecida mediante la mejora de su capacidad de servicio y conocimiento del cliente. Para ello deberá apostar decididamente por la innovación y la inversión tecnológicas, que pasa por incluir en sus modelos de negocio el entorno Insurtech, pues de ello dependerán no solo sus beneficios, sino también su supervivencia.

Fernando Ariza Rodríguez // Subdirector general de la Mutualidad de la Abogacía.

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